
En 1958, Estados Unidos planeó hacer estallar una bomba atómica en la Luna para que se viera desde la Tierra: el plan, con Carl Sagan en el equipo, fue secreto hasta el año 2000
Se llamaba Proyecto A119. En plena carrera espacial, la Fuerza Aérea estadounidense estudió detonar una cabeza nuclear en la superficie lunar. Su director confesó décadas después que le horrorizaba haberlo planteado.

Foto: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Full_moon_partially_obscured_by_atmosphere.jpg" target="_blank" rel="noopener">NASA</a> · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada)
En 1958, en plena Guerra Fría, la Fuerza Aérea de Estados Unidos encargó un estudio secreto con un objetivo difícil de creer: hacer estallar una bomba atómica en la Luna. La explosión, con un destello visible desde la Tierra, debía demostrar al mundo la superioridad estadounidense. El plan se llamó Proyecto A119 y nadie supo nada de él hasta el año 2000.
Por qué querían bombardear la Luna
El contexto lo explica casi todo. En octubre de 1957, la Unión Soviética había puesto en órbita el Sputnik, el primer satélite artificial, y Estados Unidos iba por detrás en la carrera espacial. Hacía falta un golpe de efecto que devolviera la moral al país.
El estudio se encargó a la Armour Research Foundation, vinculada al Instituto de Tecnología de Illinois, bajo la dirección del físico Leonard Reiffel. La idea era lanzar un misil con una cabeza nuclear W25, de 1,7 kilotones, y hacerla detonar en la superficie lunar. Además del efecto propagandístico, los científicos esperaban aprender sobre la Luna y los efectos de una explosión en el espacio.
El joven Carl Sagan, en el equipo
Entre los investigadores estaba un joven Carl Sagan, que años después se convertiría en el divulgador científico más famoso del mundo con la serie Cosmos. Su tarea era calcular cómo se expandiría la nube de polvo de la explosión y si sería visible desde la Tierra.
Por qué no se hizo
En enero de 1959 el proyecto se abandonó. Los mandos de la Fuerza Aérea concluyeron que los riesgos superaban a los beneficios: un fallo en el lanzamiento podía hacer caer la bomba sobre la Tierra, y la radiación podía contaminar la Luna antes de que nadie llegara a estudiarla. Además, la opinión pública podía reaccionar muy mal.
Los soviéticos, por su parte, estudiaron una idea parecida, el llamado proyecto E-4, que también descartaron por miedo a que el cohete fallara y la carga acabara en territorio propio o en manos extranjeras.
Cómo salió a la luz
El secreto duró más de cuarenta años. Salió a la luz de forma casi casual: el escritor Keay Davidson, que preparaba una biografía de Sagan, encontró referencias al estudio en una solicitud de beca del científico. En el año 2000, Leonard Reiffel, que había llegado a ser directivo de la NASA, confirmó públicamente la historia. Y dejó una confesión: le horrorizaba que alguna vez se hubiera planteado un gesto así para influir en la opinión pública.
Once años después de descartar la bomba, en 1969, Estados Unidos llegó a la Luna de otra manera: con Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminando sobre ella.
Foto principal: la Luna fotografiada desde el transbordador Discovery. Foto: NASA · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada).