
En 1932, Australia mandó soldados con ametralladoras a acabar con 20.000 emús: un mes después, el ejército se retiró y las aves ganaron la guerra
La «Gran Guerra de los Emús» es una de las historias más insólitas del siglo XX. Su comandante llegó a decir que aquellas aves podían enfrentarse a ametralladoras «con la invulnerabilidad de los tanques».

Foto: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Australian_soldiers_resting_during_Emu_War.jpg" target="_blank" rel="noopener">Autor desconocido</a> · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada)
En noviembre de 1932, el ejército australiano envió a un comandante, dos soldados, dos ametralladoras Lewis y 10.000 balas a los campos de trigo del oeste del país. El enemigo: unos 20.000 emús. Un mes después, los militares se retiraron sin haber conseguido su objetivo. La prensa lo bautizó como la Gran Guerra de los Emús, y los emús la ganaron.
Por qué Australia declaró la guerra a unas aves
Tras la Primera Guerra Mundial, el Gobierno australiano entregó tierras en la región de Campion, en Australia Occidental, a miles de excombatientes para que las cultivaran. Con la Gran Depresión, el precio del trigo se hundió y, por si fuera poco, en 1932 llegó una plaga: miles de emús bajaron desde el interior tras la época de cría, atravesaron las cercas y arrasaron las cosechas.
Los granjeros, muchos de ellos veteranos que sabían lo que podía hacer una ametralladora, pidieron ayuda al Ministerio de Defensa. Y el ministerio dijo que sí.
Una campaña desastrosa
Al frente se puso el mayor G. P. W. Meredith, de la Artillería Real australiana. La primera ofensiva empezó el 2 de noviembre y fue un fracaso: los emús se dispersaban en pequeños grupos en cuanto oían los disparos, corrían a más de 50 km/h y eran casi imposibles de acertar. En uno de los intentos, la ametralladora se encasquilló justo cuando tenían una gran bandada a tiro. El 8 de noviembre, tras las críticas en la prensa y en el Parlamento, las tropas se retiraron.
Hubo una segunda ofensiva entre el 13 de noviembre y el 10 de diciembre. Meredith informó de 986 emús abatidos con unas 9.860 balas, cifras que muchos historiadores consideran infladas. El problema de las cosechas seguía ahí.
La frase que resume la guerra
El propio Meredith acabó rindiendo homenaje a su enemigo. Según recogió la prensa de la época, dijo: «Si tuviéramos una división militar con la capacidad de encajar balas de estas aves, se enfrentaría a cualquier ejército del mundo. Pueden hacer frente a las ametralladoras con la invulnerabilidad de los tanques» (traducción propia).
Cómo se solucionó al final
El Gobierno rechazó las siguientes peticiones de ayuda militar. La solución llegó por otra vía: un sistema de recompensas para los propios granjeros, que en solo seis meses de 1934 cobraron más de 57.000 pagos por emús abatidos, y sobre todo las vallas de exclusión, que hoy siguen siendo la herramienta principal para proteger los cultivos.
Casi un siglo después, la Guerra de los Emús es un meme en internet y un clásico de las historias insólitas. El emú, por cierto, sigue apareciendo en el escudo de armas de Australia.
Foto principal: soldados australianos durante la Guerra de los Emús (1932). Foto: Autor desconocido · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada).