En 1859, una tormenta solar hizo saltar chispas en los telégrafos y se vieron auroras en el Caribe: si hoy se repitiera, los daños se medirían en billones de dólares
El llamado evento Carrington es la mayor tormenta geomagnética registrada. Hubo telegrafistas que enviaron mensajes con los aparatos desconectados de las baterías.
Foto: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:039_Northern_lights_over_M%C3%BDvatn_(Iceland)_Photo_by_Giles_Laurent.jpg" target="_blank" rel="noopener">Giles Laurent</a> · <a href="https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0" target="_blank" rel="noopener license">CC BY-SA 4.0</a> · vía Wikimedia Commons (redimensionada)
La mañana del 1 de septiembre de 1859, el astrónomo británico Richard Carrington estaba dibujando manchas solares en su observatorio cuando vio algo que nadie había descrito antes: dos destellos de luz blanca, intensísimos, sobre la superficie del Sol. Duraron unos cinco minutos. Menos de un día después, la Tierra recibió el golpe.
Auroras en el Caribe y telégrafos en llamas
Aquella erupción lanzó hacia la Tierra una enorme nube de partículas cargadas que llegó en unas 17 horas, un viaje que normalmente dura varios días. Las noches del 1 y el 2 de septiembre se vieron auroras en lugares donde casi nunca aparecen: en el Caribe, en Colombia, en Hawái. En el noreste de Estados Unidos eran tan brillantes que algunas personas se levantaron creyendo que ya amanecía.
El gran damnificado fue el invento tecnológico de la época: el telégrafo. Las corrientes inducidas por la tormenta hicieron saltar chispas en las oficinas, algunos operadores recibieron descargas y se quemaron papeles. Y ocurrió algo aún más extraño: telegrafistas entre Boston y Portland desconectaron las baterías y siguieron enviando mensajes durante horas solo con la corriente de la aurora.
Qué pasaría si ocurriera hoy
En 1859 la electricidad apenas se usaba. Hoy dependemos de ella para todo. Una tormenta como aquella podría dañar transformadores de las redes eléctricas, afectar a satélites, al GPS y a las comunicaciones. Un informe de la aseguradora Lloyd’s de 2013 calculó que un evento así podría costar entre 0,6 y 2,6 billones de dólares solo en Estados Unidos, con apagones que en algunas zonas durarían semanas o meses.

No es ciencia ficción. En marzo de 1989, una tormenta mucho menor dejó sin luz durante nueve horas a unos seis millones de personas en Quebec (Canadá). Y en mayo de 2024, una tormenta geomagnética de nivel máximo permitió ver auroras desde buena parte de España, algo que muchos todavía recuerdan.
¿Estamos preparados?
Hoy hay satélites que vigilan el Sol las 24 horas y dan un aviso de horas o incluso días antes de que llegue una gran tormenta, lo que permite a las compañías eléctricas y a los operadores de satélites tomar precauciones. Aun así, los científicos coinciden en que un evento como el de Carrington volverá a ocurrir: la pregunta no es si, sino cuándo.
Foto principal: aurora boreal (imagen ilustrativa). Foto: Giles Laurent · CC BY-SA 4.0 · vía Wikimedia Commons (redimensionada).