
Los expertos alertan del riesgo de suicidio entre los hombres de edad más avanzada
Los hombres de 85 a 89 años registraron en 2024 una tasa de suicidio de 40,2 por cada 100.000 habitantes, según el INE. Los psicogeriatras piden más detección.

Imagen ilustrativa.
El congreso de Girona reclama más recursos especializados y una detección temprana del sufrimiento psicológico en la vejez.
Los hombres de entre 85 y 89 años registraron en España una tasa de suicidio de 40,2 muertes por cada 100.000 habitantes en 2024, frente a las 36,7 del año anterior. El incremento del 10 % contrasta con el descenso del conjunto de la población, que pasó de 4.116 fallecimientos por suicidio en 2023 a 3.953 en 2024, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Esta diferencia sitúa la prevención del suicidio en las edades más avanzadas entre los retos de la salud pública. La Sociedad Española de Psicogeriatría (SEPG) aborda esta cuestión en su XXIII Congreso, que reúne desde este jueves y hasta el sábado 17 de octubre a más de 300 profesionales en Girona.
Por qué preocupa el riesgo de suicidio en los hombres mayores
Las cifras difundidas por la organización del congreso muestran una marcada diferencia por edad y sexo. Entre las personas mayores de 65 años, tres de cada cuatro fallecimientos por suicidio corresponden a hombres, según la información facilitada por la SEPG.
El Dr. Diego José Palao, coordinador del Plan de Prevención del Suicidio de Cataluña (PLAPRESC), señala entre los factores de vulnerabilidad el aislamiento social, la falta de una red de apoyo, la viudedad y las enfermedades crónicas que provocan dolor o limitaciones funcionales.
A estas circunstancias pueden sumarse cambios vitales que afectan a la estabilidad personal, como la pérdida de la vivienda o la autonomía. Los especialistas insisten en que estas situaciones requieren una respuesta social y sanitaria coordinada, sin asumir que la edad o una enfermedad determinen por sí solas el riesgo individual.
La escasa petición de ayuda dificulta la prevención
Otro de los datos que preocupa a los expertos es la baja presencia de las personas de edad muy avanzada entre las llamadas a los servicios de atención a la conducta suicida.
Según el Informe Anual 2025 de la Línea 024 del Ministerio de Sanidad, las personas de 85 a 89 años representan el 0,1 % de las llamadas, de acuerdo con los datos recogidos en la nota de prensa de la SEPG. El grupo de entre 40 y 59 años concentra una proporción mucho mayor.
Esta diferencia no demuestra por sí sola que las personas mayores sufran menos malestar, pero sí plantea la necesidad de estudiar las barreras que pueden dificultar el acceso a la ayuda. El estigma, la soledad, las dificultades de movilidad y la falta de apoyos cercanos pueden complicar la detección de situaciones de vulnerabilidad.
La letalidad también es motivo de preocupación. Según los datos aportados por los organizadores, entre las personas de edad avanzada se produce aproximadamente una muerte por suicidio por cada cuatro intentos, frente a una por cada veinte entre los menores de 40 años. Esta comparación refuerza la importancia de identificar el sufrimiento y facilitar la intervención profesional antes de que se produzca una crisis.
Qué señales deben tener en cuenta familiares y profesionales
El presidente de la SEPG, el Dr. Manel Sánchez, destaca la necesidad de prestar atención a las expresiones de sufrimiento psicológico en las personas mayores. Los cambios persistentes del estado de ánimo, el aislamiento creciente o una pérdida notable de interés por las actividades habituales justifican una conversación cuidadosa y, cuando proceda, una valoración sanitaria.
Los especialistas también subrayan la importancia de mantener el seguimiento después de una crisis. La recuperación no depende únicamente de estabilizar al paciente, sino también de garantizar la continuidad asistencial y el apoyo social cuando persisten circunstancias de soledad o vulnerabilidad.
En este sentido, la SEPG reclama más recursos específicos, incluidos hospitales y centros de día, servicios de psicogeriatría y espacios de participación comunitaria que favorezcan la recuperación de los vínculos sociales.
El PLAPRESC trabaja además en una guía específica para prevenir el suicidio en personas mayores, con medidas de divulgación, formación de profesionales y mejora de la detección y gestión del riesgo.
El deterioro cognitivo y el Alzheimer, otros focos de atención
El congreso también aborda la relación entre el deterioro cognitivo, la demencia y la salud emocional. Los primeros estadios de estas enfermedades pueden ser especialmente delicados para algunas personas, que todavía son conscientes de los cambios en sus capacidades y de las dificultades que empiezan a experimentar.
El diagnóstico precoz del Alzheimer permite planificar cuidados y apoyos, pero también puede generar incertidumbre, ansiedad y temor a perder autonomía. Por eso, los especialistas consideran necesario acompañar la información clínica con apoyo psicológico y orientación para la persona afectada y su entorno.
Entre los participantes internacionales figura el Dr. Robert Howard, profesor de Psiquiatría Geriátrica del University College London, que abordará las posibilidades y limitaciones de los nuevos tratamientos para el Alzheimer.
Inteligencia artificial: una herramienta de apoyo, no un sustituto clínico
La inteligencia artificial ocupa otro espacio en el programa científico. La Dra. Leasly García analiza su potencial para estudiar información clínica, voz, lenguaje y neuroimagen, con el objetivo de identificar patrones que puedan ayudar a los profesionales a valorar la salud de las personas mayores.
La especialista advierte, no obstante, de que muchas aplicaciones necesitan más validación y plantean cuestiones relacionadas con la privacidad, los sesgos y la seguridad. La tecnología debe servir como apoyo a la evaluación clínica, no sustituir el criterio profesional.
El encuentro de Girona reúne así distintas líneas de trabajo sobre prevención del suicidio, demencia, nuevos tratamientos y envejecimiento saludable. Los especialistas coinciden en que mejorar la detección del sufrimiento y asegurar una atención continuada serán aspectos fundamentales para reforzar la salud mental en las edades más avanzadas.
Dónde pedir ayuda: la Línea 024 del Ministerio de Sanidad es gratuita, confidencial y está disponible las 24 horas del día para personas con pensamientos suicidas y familiares o allegados. Ante una emergencia inmediata, debe llamarse al 112 o acudir a los servicios de urgencias.
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