En 1853, un cocinero se hartó de un cliente que devolvía sus patatas y las cortó finísimas: así nació la leyenda de las chips, aunque la receta es anterior
La historia de George Crum y las «Saratoga chips» se cuenta en medio mundo. Los historiadores de la cocina tienen otra versión. Y al final, cómo hacerlas crujientes en casa.
Foto: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Potato-Chips.jpg" target="_blank" rel="noopener">Evan-Amos</a> · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada)
Cuenta la leyenda que en el verano de 1853, en el restaurante Moon’s Lake House de Saratoga Springs (Nueva York), un cliente devolvió una y otra vez su ración de patatas fritas porque las encontraba demasiado gruesas y blandas. El cocinero, George Crum, harto, cortó las patatas tan finas como el papel, las frió hasta que quedaron duras como una galleta y les echó sal de sobra para fastidiarle. El cliente quedó encantado. Así habrían nacido las patatas chips.
La versión más famosa (y dudosa)
En muchas versiones, el cliente exigente era nada menos que el magnate Cornelius Vanderbilt. Pero no hay ningún documento de la época que lo confirme, y los historiadores de la alimentación consideran ese detalle un adorno posterior. Tampoco está claro que la idea fuera de Crum: algunos relatos se la atribuyen a su hermana, Kate Wicks, que trabajaba en la misma cocina.
Lo que sí es cierto es que las «Saratoga chips» se hicieron famosas en la zona en la segunda mitad del siglo XIX y que Crum llegó a abrir su propio restaurante, muy popular entre los veraneantes ricos de Saratoga.

La receta ya existía antes
El problema de la leyenda es que las patatas fritas en láminas finas ya aparecían en libros de cocina décadas antes. El médico y gastrónomo inglés William Kitchiner incluyó en 1817, en su libro The Cook’s Oracle, una receta de patatas «fritas en rodajas o virutas». Y en 1824, el recetario estadounidense The Virginia House-Wife, de Mary Randolph, ya explicaba cómo freír patatas cortadas muy finas.
Crum, por tanto, no las inventó, aunque sí contribuyó a hacerlas populares. La leyenda del cliente quisquilloso sobrevive porque es mucho mejor historia que un recetario inglés.
Cómo hacer chips crujientes en casa
- Corta finísimo, a 1-2 milímetros, mejor con mandolina (con cuidado con los dedos).
- Lava las láminas en agua fría un par de veces para quitar el almidón: es el secreto para que no se peguen y queden crujientes.
- Sécalas muy bien con un paño limpio. El agua es enemiga del aceite caliente.
- Fríe en tandas pequeñas en aceite de oliva o de girasol a unos 170-180 °C, hasta que dejen de burbujear y estén doradas.
- Escurre sobre papel y sala al momento, con sal fina. Si quieres rendir homenaje a la leyenda, sin pasarte.
Foto principal: patatas chips (imagen ilustrativa). Foto: Evan-Amos · Dominio público · vía Wikimedia Commons (redimensionada).