Arturo Pérez-Reverte, escritor: «Con toda la razón del mundo, la Guardia Civil me ha calzado hoy cien mortadelos»
No hubo queja ni «usted no sabe quién soy». Hubo algo mucho mejor.
Hay quien recibe una multa y monta un drama en redes. Y luego está Arturo Pérez-Reverte, que el lunes 2 de noviembre de 2026 convirtió una sanción de tráfico en una lección de urbanidad de un solo tuit. Sin una queja. Sin un «usted no sabe con quién está hablando». Con dos palabras que han hecho las delicias de sus seguidores: cien mortadelos.
Esto es lo que escribió el autor de «El capitán Alatriste» en su cuenta de X:
Con toda la razón del mundo, la Guardia Civil me ha calzado hoy cien mortadelos de multa, que he pagado en el acto. Todo pertinente y correcto. Les he deseado buen servicio.
— Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) 2 de noviembre de 2026
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Qué hizo para que lo multaran
El escritor viajaba como pasajero en un taxi por la autovía A-6, a la altura del kilómetro 20,9, en la Comunidad de Madrid, y no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Los agentes de la Guardia Civil de Tráfico lo pararon y le pusieron la sanción que marca la norma: 200 euros. Él pagó en el momento, así que se benefició del descuento del 50 % por pronto pago y la multa se quedó en 100 euros. O, en su idioma, cien mortadelos.
Lo que mucha gente no sabe del taxi
Es un error habitual: subir a un taxi y no abrocharse el cinturón, sobre todo en los asientos de atrás, como si el coche de otro fuera territorio sin normas. No lo es. El cinturón es obligatorio para todos los ocupantes de un turismo, delante y detrás. Y cuando el pasajero es mayor de edad, quien responde de la infracción es él mismo, no el taxista.
Lo que el escritor sí se ha ahorrado es el disgusto con el carné: la retirada de puntos por no llevar el cinturón está pensada para el conductor, y él iba sentado en el asiento del pasajero. Así que el castigo se ha quedado en lo económico. Y en el tuit.
Un académico con buena educación
Lo que más ha llamado la atención en las redes no es la multa, sino el tono. Pérez-Reverte, miembro de la Real Academia Española y poco dado a callarse lo que piensa en X, no buscó culpables ni puso en duda el trabajo de los agentes. Al contrario: reconoció el error («con toda la razón del mundo»), dio por buena la sanción («todo pertinente y correcto») y se despidió de los guardias civiles con un «les he deseado buen servicio», la fórmula de cortesía de toda la vida en el trato con el cuerpo.
Y luego está la palabra. «Calzar» una multa, en el castellano coloquial, es colocarla, endosarla. Y «mortadelos», como suele llamar él a los euros, le pone el toque de humor a la escena. En una red social donde cada multa suele terminar en queja, el escritor ha conseguido algo poco habitual: que una sanción de tráfico se lea con una sonrisa. Cien mortadelos bien gastados, a juzgar por la conversación que ha generado.
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