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En 1915, Italia y Austria-Hungría empezaron a combatir a 3.000 metros de altura; 111 años después, el deshielo ha sacado a la luz más de 250 de sus bombas

A casi 3.000 metros, el calor está destapando lo que dejó una de las guerras más extrañas de la historia. Y el peligro sigue ahí.

Soldados en una trinchera en la cima del Ortler, a 3.850 metros, en 1917

Trinchera austrohúngara en el Ortler, a 3.850 metros, en 1917. Autor desconocido, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Irene Valdés octubre 31, 2026 6 min

Durante más de un siglo han estado ahí, a casi 3.000 metros de altura, cubiertas por la nieve y el hielo de los Alpes italianos. Proyectiles, granadas y bombas de mortero que nunca llegaron a estallar en una de las guerras más extrañas de la historia: la que se libró entre glaciares. Ahora el calor las está devolviendo a la superficie.

El Ejército italiano acaba de cerrar su campaña de verano para retirarlas. Empezó a principios de agosto de 2026 y terminó el viernes 16 de octubre, con un balance que ha dado la vuelta al mundo después de que lo contara la cadena CNN el 28 de octubre.

Quién las ha retirado y dónde

El trabajo lo ha hecho el 2.º Regimiento de Ingenieros Zapadores Alpinos de la Brigada Alpina Julia, según la propia nota del Ejército italiano, con apoyo de los helicópteros del 4.º Regimiento AVES «Altair», del servicio de helicópteros de los bomberos de Trento y de los equipos de rescate de montaña de los Carabineros y la Guardia di Finanza. La mayoría de los puntos solo se alcanzan en helicóptero o con técnica de alpinismo.

Estos son los lugares donde han trabajado los artificieros, todos en la región de Trentino-Alto Adigio:

  • Grupo del Adamello: el Carè Alto y el glaciar de la Vedretta di Lares.
  • Parque Nacional del Stelvio y Val Martello: la Cima Tre Cannoni, las laderas del glaciar del Livrio y los pasos de Mandriccio y del Tonale.
  • Primiero (Canal San Bovo): en la última semana de la campaña, 55 artefactos de una vez.
  • Caldonazzo: un proyectil de 90 milímetros apareció en junio en la zona del Menador después de que un coche cayera por un barranco.

Qué han encontrado

Solo el hallazgo de Canal San Bovo da una idea de lo que esconde la montaña: 18 proyectiles de artillería italianos de 75 milímetros y 37 bombas de mortero Thévenot, de fabricación francesa, que también usó el Ejército italiano durante la guerra, según recoge el diario trentino il Dolomiti. En total, la campaña ha neutralizado más de 250 artefactos.

Los militares atribuyen el aumento de hallazgos a dos cosas: un invierno de 2025 con muy poca nieve y un verano de 2026 de temperaturas extremas, que han acelerado el retroceso de glaciares como el del Carè Alto o el de Lares. Además, no todas salen directamente del hielo: el deshielo vuelve más inestable el terreno y deja al descubierto lo que estaba enterrado en la roca y la morrena.

Mayo de 1915: Italia entra en la guerra por las montañas

Italia empezó la Primera Guerra Mundial como neutral. En la primavera de 1915 cambió de bando, se unió a Francia, Reino Unido y Rusia, y el 23 de mayo declaró la guerra al Imperio austrohúngaro. Las hostilidades empezaron al día siguiente. El problema era el mapa: la frontera entre los dos países no pasaba por llanuras, sino por las cumbres de los Alpes, desde el paso del Stelvio, en la frontera con Suiza, hasta los Dolomitas y los Alpes Julianos.

Así nació la llamada «Guerra Blanca»: cientos de kilómetros de frente a 2.000, 3.000 y hasta casi 4.000 metros de altura, donde los dos ejércitos tuvieron que vivir, construir y combatir sobre la nieve y el hielo durante tres inviernos y medio.

Cañones a 3.300 metros y una ciudad dentro del glaciar

Para defender las cumbres, los dos bandos hicieron cosas que hoy parecen imposibles. Los soldados italianos subieron a brazo y con cuerdas piezas de artillería de varias toneladas a lo alto del Adamello. Uno de esos cañones, un 149 milímetros apodado «Ippopotamo» (hipopótamo), sigue hoy en la Cresta Croce, a unos 3.300 metros, donde se ha convertido en un lugar de peregrinación para montañeros.

En la Marmolada, la montaña más alta de los Dolomitas, los austrohúngaros excavaron dentro del glaciar una red de túneles con barracones, cocinas y almacenes donde podían vivir más de 200 soldados a salvo del fuego enemigo y de las tormentas. La llamaron «la ciudad en el hielo».

El enemigo más mortal: la nieve

En aquella guerra murieron muchos soldados por los disparos, pero también por el frío, las grietas de los glaciares y, sobre todo, los aludes. El peor día fue el miércoles 13 de diciembre de 1916: tras días de nevadas intensas, las avalanchas arrasaron posiciones de los dos ejércitos a lo largo del frente.

Solo en la Marmolada, una masa enorme de nieve se desprendió aquella noche sobre el campamento austrohúngaro del Gran Poz y sepultó a unos 300 soldados; los historiadores calculan entre 270 y 332 muertos. La tragedia apenas se conoció en su momento por el secreto militar.

1918: la batalla más alta de la historia

El último verano de la guerra dejó un récord que nadie ha superado. Entre agosto y septiembre de 1918, italianos y austrohúngaros se disputaron la Punta San Matteo, en el macizo del Ortles-Cevedale, a 3.678 metros de altura. Está considerada la batalla librada a mayor altitud de la historia.

Esa montaña guardó durante casi un siglo parte de lo que pasó: en 2004, el retroceso del glaciar dejó al descubierto los cuerpos momificados de tres soldados austrohúngaros caídos allí. La guerra en los Alpes terminó con el armisticio de Villa Giusti, firmado el 3 de noviembre de 1918, que entró en vigor al día siguiente.

Por qué ahora salen tantas bombas

Al acabar la guerra, miles de proyectiles, granadas y bombas quedaron abandonados en las posiciones, en las grietas o enterrados por los aludes. El hielo los conservó durante décadas. Con el retroceso de los glaciares, cada verano aparece una parte, y el Ejército italiano tiene que organizar campañas como la de este año para retirarlos antes de que los encuentre un excursionista. La foto de portada, tomada en 1917 en el Ortler, a 3.850 metros, da una idea de dónde estaban las trincheras más altas del frente.

108 años después, la advertencia

Desde el final de la guerra han pasado 108 años, pero el explosivo de muchos de estos artefactos sigue activo. Por eso el Ejército italiano ha lanzado una campaña para quienes hacen senderismo o escalada en la zona, muy visitada también por turistas españoles. La consigna es sencilla y la repite en su nota la Brigada Julia: no tocar «absolutamente ningún tipo de artefacto encontrado por casualidad», avisar a las fuerzas de seguridad, indicar el lugar y, si se puede, mandar una foto.

La campaña se ha parado con las primeras nevadas de finales de octubre. Volverá el próximo verano, cuando el hielo vuelva a retirarse y saque a la luz lo que todavía queda escondido.

Irene Valdés

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